PRESTIGE, EL VIAJE A NINGUNA PARTE

SINÓPSIS

Esta película surge de la necesidad de explicar el accidente del petrolero Prestige, causante de la mayor tragedia ecológica sufrida en las costas españolas, saltando por encima de las mentiras, medias verdades, enredos y falsedades tramadas por el Gobierno español, presidido por el Sr. Aznar López, a fin de desviar sus responsabilidades por la catastrófica gestión de la emergencia.

Para el Gobierno del Partido Popular el problema se redujo a detener al capitán del buque, al que exhibieron como chivo expiatorio de la desgracia, y a lanzar una campaña intoxicadora sobre "barcos basura", "golfos del mar" y otras expresiones semejantes. 
En suma, a contarnos una película en la que el Gobierno había hecho lo mejor ("lo único posible") frente al ataque de unos desaprensivos que habían venido a contaminar nuestras aguas marinas...

 

Este documental es una trabajo realizado con el apoyo de "el tronco de senegal" (colectivo de agitación y propaganda) y fue financiado en parte por la "plataforma NUNCA MÁIS de Catalunya".

Dr Calypso

Txapapote Ska

vídeo declaraciones políticas

(para no olvidar)

Pases semanales en

 

CÓMO SE HIZO

 

El documental, o la película, como me gusta llamarla, “Prestige, el viaje a ninguna parte”, nace un año después del hundimiento del petrolero Prestige. En esa época asistí a una conferencia organizada por la “plataforma nunca máis de Catalunya”, donde me di cuenta que, a pesar de haber estado trabajando durante largo tiempo con el tema del Prestige, e incluso haber realizado un documental seis meses después de la catástrofe, había muchísimas informaciones que desconocía.  Informaciones que eran fundamentales para evaluar la actitud del gobierno del Partido Popular que había gestionado el accidente.

Durante la conferencia pensé que podría hacer un buen vídeo. Pero en ese momento lo descarté por razones económicas y de tiempo; además, el Prestige era una noticia que ya había pasado a la historia. A la gente ya no le parecía interesante. Me refiero a que se aceptaba cualquier interpretación de los hechos, pues el Partido Popular había sembrado la duda por todas partes y cualquier conclusión topaba con la idea de que las autoridades, seguramente, habían hecho lo que debían, o al menos lo que habían podido (si un año después no había ninguna responsabilidad política, ninguna dimisión, ya no la habría. Esa era la sensación que se tenía. Repitieron las mentiras mil veces para convertirlas en hechos aceptados. Es triste, pero es así).

Había muchos motivos para no hacer el vídeo: 1. el hundimiento del Prestige es la segunda noticia que ha ocupado más páginas en la prensa española (la primera es la guerra de Irak), por lo que la sociedad estaba cansada y además pensaba saberlo todo. 2. Los colectivos que actuaron cuando la catástrofe se habían disuelto después de perder la guerra mediática. 3. El Partido Popular, gobernando con mayoría absoluta, parecía imperturbable, nada les quitaba popularidad en las encuestas; ni el yac-42, ni la guerra de Irak, ni el trasvase del Ebro, etc... 4. También a nivel personal mis ánimos estaban debilitados debido a la poca difusión que tuvo el último documental que había realizado (“20 días de noviembre”). 5. no tenía ni dinero ni tiempo. 6. Ningún colectivo me ofrecía suficiente dinero para la realización. Etc… Así que aparqué la idea.

Unos meses más tarde, en Marzo de 2004, un atentado sacudió Madrid tres días antes de las elecciones generales. Todo indicaba que el ataque lo perpetraba un grupo radical en venganza por la participación de las tropas españolas en la guerra de Irak. El gobierno lo negó. La sociedad se movilizó, por fin, y salió a la calle con furia; se movilizó para pedir al Partido Popular que cambiara su actitud, en caso contrario, las urnas darían la última palabra. La gente, en esas movilizaciones, se acordó de nuevo del Prestige, del Yac-42, de la guerra de Irak, del trasvase del Ebro, de los defectos del AVE, de la censura a la libertad de expresión a Fermín Muguruza y Alejandro Amenabar, de la dura reforma del plan educativo, etc… Al Partido Popular le faltaron unos días para poder enmarañar suficientemente los hechos para salir indemnes, como habían hecho con los casos que he citado, y el 14 de marzo se produjo un vuelco electoral. El Partido Popular pasó a la oposición.

Después de este hecho la impresión que tuve fue que era el momento de pedir responsabilidades por todo lo acontecido y por ello hice un esfuerzo y decidí retomar el tema del Prestige. También tuve la sensación de hacer algo necesario al seguir con la denuncia del Prestige un año después, pues parecía, con el cambio de gobierno, que ya todo estaba ganado. Después de las elecciones la gente y los colectivos estaban agotados, por la oposición que habían realizado durante los ocho años de gobierno del PP, y llegaba el momento de relajarse. La sensación a la que me agarré fue que era necesario mantener los ánimos altos, esforzarse, pues se había ganado una batalla pero no la guerra. Dicho de otro modo: ¿se podía confiar que el PSOE pasara factura a las ilegalidades cometidas por el PP? Ante la duda, era necesario crear objetos de agitación y propaganda, para que la gente no se durmiera en los laureles; o, en el caso de que el PSOE decidiera responsabilizar al PP, poder darle argumentos contundentes para el castigo.

Uno de los himnos del nuevo gobierno era la promesa de más libertad de expresión en los medios de comunicación y sobre todo más pluralidad. 

Por este motivo decidí hacer el vídeo con unas características determinadas para poder ser emitido por televisión (en el caso de que esa pluralidad invadiese la pantalla; no tardé mucho en desengañarme, al final cuento por qué). 

Hoy, una vez terminado el vídeo, tengo la sensación de haberme engañado a mi mismo. A mi me gustan los vídeos como “4 días de mayo…” y “20 días de noviembre…”, más puros. Pero las cosas fueron como fueron. Y esta idea de entrar en un circuito televisivo modeló totalmente el proyecto “Prestige, el viaje a ninguna parte”, modificando la línea que había seguido hasta entonces.

Sea como fuera, para que el vídeo tuviera las características necesarias para ser emitido por televisión, utilicé un equipo técnico muy superior al que había utilizado en los anteriores trabajos. Una cámara dv-cam semiprofesional y un buen micrófono, con trípode y pie de micro. Me disponía a hacer un documento de denuncia con un formato profesional. Para ello era necesario un estudio previo y definir muchas cosas que, aunque interesantes, no son totalmente de mi agrado: guión, encuadres que funciones para una gran público, narración coherente, etc…

Empecé con la promesa de que la “Plataforma Nunca Máis de Catalunya” me financiaría parte del trabajo. (así fue, en parte, 2.000 euros). A los 30 días ya había releído varias veces 12 libros que hablaban de lo ocurrido con el Prestige. Eran versiones muy diferentes, unos culpaban al gobierno y otros lo exculpaban. También conseguí 15 informes de organismos nacionales e internacionales, que habían hecho extensos estudios sobre el accidente. También hice 3.000 impresiones sacadas de internet: transporte marítimo, ecología, globalización, informes de derecho penal, etc. También hice un estudio mediático de noticias en periódicos y televisión. Llegué a tener en casa 450 periódicos (que me cedió una hemeroteca cercana).

Estuve dos meses a jornada completa estudiando el material, obsesionado con el tema. Antes de salir de viaje para realizar las entrevistas desarrollé un dossier con 314 preguntas. El dossier que me preparé estaba dividido en seis apartados y decidí que íba a realizar seis vídeos de 30 minutos cada uno. Era un formato atrevido pero los contenidos eran suficientes como para llenarlo. La idea inicial era: una serie de seis documentales de media hora de duración sobre El Prestige, grabados en dv-cam y previo guión. Toma ya. Producto a tope. Para hacer este guión previo utilicé varios procedimientos comerciales aprendidos hace tiempo cuando curraba en publicidad. Así definí la forma que debería tener el vídeo: El primer factor a destacar el formato película: como más leía más me parecía todo una película. Un Buque viejo con un lobo de mar a sus mandos entra en una tormenta con olas de 8 metros de altura, el barco se rompe, los servicios de socorro llegan tarde por culpa de la corrupción de los despachos, el barco agoniza y se lleva de un lado a otro, miles de personas se desplazan para limpiar la mierda, bla, bla, bla, Una película, vaya. La idea de película me funcionaba también por qué algunos autores de los libros e informes que leí se inventaban auténticas falacias dónde basar sus informes (sobre todo los de La Razón), otros narraban la tragedia con un dramatismo tan desproporcionado que desmerecían toda credibilidad (los del País). Sea como fuera estudiar el tema del Prestige fue como ver caer las torres gemelas de Nueva York, es algo que no te puedes imaginar.

 

Como cualquier película espectacular, esta también tenía la peculiaridad de que “el árbol no te deja ver el bosque”; la espectacularidad de 50.000 kilos de fuel manchando 2.000 kilómetros de costa no era fácil a la hora de centrarse en las ilegalidades que se cometieron.

 

 

En la mayoría de los casos la información verdaderamente importante quedaba relegada a un segundo plano y muy escondida. Mi intención fue contar esas informaciones en un formato narrativo, peliculera, pues era una manera de dar forma a esta sensación de ficción que percibí. Decidí hacer un formato de película pero con los contenidos concretos que sí son importantes para inculpar a los responsables.

Encima de esta base decidí hacer un informe serio y concreto de todo aquello que a mi me parecía realmente importante. 

Fue muy difícil no caer en la burla o la utilización de aquellos que sólo decían barbaridades (el libro sacado por ABC asegura que el capitán saboteó el barco, el gobierno aseguró mil veces que sólo se habían vertido 2.000 toneladas cuando la realidad demuestra que se vertieron en esos momentos 50.000, etc...), no quería enseñar todas las teorías y burlarme desquiciadamente de “los malos”. No quería hacer un estudio sociológico de la sociedad española, que es lo que parecía todo ese material acumulado en mi mesa; simplemente quería un informe riguroso de los hechos acontecidos sin caer en la crítica. Quería dar a conocer que las cosas son como son y ahí queda todo el mundo retratado. Y hacerlo con un formato entretenido para que lo pudiese ver muchísima gente. O sea, imágenes espectaculares montadas sobre un discurso narrativo.

Así que desarrollé la idea trazando un guión de respuestas atadas y luego escribí las preguntas para obtener el material que necesitaba sin tener que recurrir a la voz en off. Luego hice una lista de quien podía contestarme las preguntas de un modo adecuado sin dejar de ser convincente y me dispuse a viajar para buscar a los que serían los actores de la película. Para que me entendáis, el vídeo lo podría haber hecho yo solo en casa, con una voz en off e imágenes de archivo, pero me interesaba muchísimo que los personajes que contaran lo acontecido fuera gente respetada socialmente; catedráticos, directores, capitanes, etc. Debía conseguir una veracidad incuestionable. 

A medida que desarrollé el guión también definí una forma visual simple que me sirviera para recortar gastos durante la filmación: hice una lista muy concreta de las personas, autores, participantes, etc. que iba a visitar con la cámara para conseguir las declaraciones que me interesaban. También hice un archivo de imágenes del buque y todo lo acontecido para tener material para la edición. Aqué es importante decir que conseguí muchas imágenes inéditas, grabadas por los equipos de rescate y consideradas secreto nacional; un contacto dentro de los servicios de salvación copió y filtró la cinta y una copia fue a parar a mis manos. 

Una vez tuve archivado el material audiovisual referente a los hechos y redactada la lista de personas que iba a entrevistar (extraída de las bibliografías y citas de los informes y los libros que leí para informarme), diseñé el formato que iba a tener el vídeo; decidí, en primer lugar, filmar las entrevistas con planos cerrados, buscando la intimidad de los personajes, unos planos cerrados me servían para acercarme al interior de esas personas, a su pensamiento, incitando al espectador creer sus palabras. Como diciendo: “estas personas son valientes, expresan sus palabras muy de cerca a una cámara que los está vulnerando” (este recurso es bastante sensacionalista y se utiliza mucho en cine y programas televisivos que hablan de problemas personales). Luego me dispuse a descontextualizar a los entrevistados, para dejarlos aún más solos, para dar más énfasis al discurso. Para ello decidí filmarlos con un fondo totalmente blanco: con esto conseguía dos cosas muy importantes, en primer lugar, como he dicho, darle más protagonismo a la palabra, a la narración, invitando al espectador a seguir la historia, recordando mentalmente todas las imágenes que tenía almacenadas en la memoria, imágenes vistas mil veces en la prensa; me interesaba mucho incitar al espectador a  recordar las imágenes mientras el entrevistado hablase, para luego, con las mismas imágenes de archivo, ofrecerle aquello que ya había visto mentalmente (otro efecto un tanto sensacionalista). Al escoger el fondo blanco también conseguía una limpieza ilógica para un documental de suciedad. Podría haber escogido cualquier color de fondo, pero me gustaba la idea del blanco por que es el color de la limpieza, con este color hacía referencia a una limpieza mentirosa. La suciedad que pretendía puntualizar en el vídeo, por tanto, no tenía el color del chapapote, sino de la política basura, de las soluciones precipitadas y de la corrupción ambiciosa. 

Debo decir que la elección del fondo y el color fue un homenaje a dos películas que visioné los días de estudio. Siempre lo hago, ver películas para desconectar, aunque el cine cada vez me gusta menos. Una de las películas que vi esos días fue Dog Ville. Toda la película está rodada en un plató con el fondo homogéneo, negro si representa que es de noche, blanco si es de día; la metáfora que buscaba el realizador, o la que yo entendí, es que vivimos en una sociedad aparentemente transparente, una sociedad en la que no ves nada aunque puedas saberlo todo. En esta película los actores toman un protagonismo especial, ya que no hay interferencias visuales; la actitud de los personajes es lo más importante, la palabra y su expresión, el guión. Este recurso me iba como anillo al dedo; este es un recurso muy publicitario, enfocar exclusivamente loq ue te interesa, una manipulación. ¿Y por que lo hacía así? me basé en la idea de llagar a mucha gente a través de la televisión, por tanto debía engañar, sí, engañar a los mediadores que hay entre el creador y la emisión; Esta artificialidad del vídeo “Prestige, un viaje a ninguna parte” es más aceptada que la pureza de “4 días de mayo…” por parte de los programadores de tele. Ya que si ofreces pureza por televisión todo lo que hacen y emiten se desvirtúa por comparación y la gente se da cuenta que todo lo que emiten es mentira. Y aunque el artificio se contradiga con mis principios era una manera de llegar a más espectadores; hoy no creo que me equivocara al aplicar métodos publicitarios a este vídeo, simplemente reconozco que me desvié un poco de la línea que en los anteriores trabajos había tomado. 

Otra de las películas que vi fue Noviembre. Esta película es un documental de ficción narrada a través de las voces de unos abuelos que cuentan su juventud. Los abuelos aparecen con un fondo negro totalmente descontextualizado. Cuando la película muestra la juventud de estos personajes se traslada al presente, o sea: que los abuelos hablan desde el futuro. Esta descontextualización temporal también me sedujo y me sirvió para que no se pudiese especificar el momento de su realización. Pasa a menudo, que un vídeo o una película, pierde credibilidad al mostrar un tiempo pasado, por qué los códigos de vestuario, de ambientación, o los efectos digitales, lo remiten a un momento concreto. Y bien sabido es que “agua pasada no mueve el molino”. Absurdo pero es así. Con la descontextualización temporal conseguiría dar una vída mucho más larga al vídeo, darle vigencia durante mucho más tiempo. Uno, cuando vé un documental de su ciudad con cinco años o más de antigüedad cree que eso ya no tiene vigencia. O más concretamente: cuando uno ve “4 días de mayo…” sabe que las playas ya no están sucias y todo el apartado ecológico queda vacío (este ejemplo es para que entendierais el discurso que planteo, pero que sepáis que del Prestige desaparecieron 25.000 toneladas de fuel que nadie ha recogido). Esta descontextualización temporal me servía pues para confundir al espectador para que reflexionara inconscientemente sobre el hecho de que el Prestige no es agua pasada.

En fin: Los recursos utilizados en Dog Ville y Noviembre me sirvieron para reafirmar el formato que había elegido. Casualidades?

Llegado a este punto ya tenía la historia, los personajes que la contarían y la descontextualización espacial y temporal (con el blanco de fondo). Pero me faltaba otro detalle: Toda la información que quería mostrar había sido información de segunda hasta la fecha. Decidí por tanto filmar a los personajes desplazados a un lado de la pantalla con tal de dar a entender que la información que el vídeo exponía no había estado nunca en primera página. Todo lo que se dice en el vídeo está ya escrito con anterioridad, pero siempre al final de las páginas, o contado de formas defectuosas. La corrupción, las manipulaciones, quien tomó las decisiones, etc. Al filmar a los personajes en un lateral también conseguía transmitir la idea de que esas personas que hablan en el vídeo, tan clarividentes, nunca han estado en el centro; su voz ha sido tapada, apartada, silenciada, etc. Cosa que efectivamente ocurrió.

Dos semanas antes de salir de ruta para visitar y entrevistar a los que serían los personajes de vídeo contraté a un ayudante, Marion Boyeur. Digo que la contraté por que le di una pequeña cantidad de dinero, pero fue más una colaboración que un trabajo. Marion había realizado cursos de periodista y me era imprescindible alguien que hiciera las entrevistas ya que el planteamiento visual que había diseñado requería una concentración que me inhabilitaría para hacer otras cosas (pantalla, sonido, imagen…). La elección de una entrevistadora francesa tampoco fue casualidad: las personas que iba a entrevistar eran técnicos y por lo tanto su discurso no sería el más correcto para que la mayor parte de la gente lo entendiera. Así que elegí una entrevistadora que no dominara mucho la lengua española para que los personajes hablaran claro y sencillo. Esto funcionó muy bien.

Salimos de viaje en coche hacia Vigo dónde dos amigos nos hospedaron gratuitamente en su casa (Chipi y Rafa). Allí ya tenía citados previa llamada telefónica a los personajes. Filmamos durante seis días. Luego ocurrió lo imprevisible. Marion tuvo que irse a medio trabajo debido a temas personales. A partir de ahí fue una locura; Me fui a Madrid a buscar a un amigo para que me ayudara, pero dicho amigo no tenía el nivel requerido para hacer las entrevistas y además no había utilizado nunca un cámara de vídeo. Aún y así viajamos de nuevo a Galicia y luego a Madrid para recoger todo el material previsto. La ideea de los seis capítulos empezó a verse afectada al no poder conseguir el material correcto.

Luego, dos meses editando las 40 horas de entrevistas. 

El trabajo de edición fue muy difícil; hacer que las declaraciones de todos los protagonistas cuadraran fue una labor de chinos. Una frase de aquí, otra de ahí, volver a cambiar, probar otra, y otra, retomar la primera, juntar la segunda y la cuarta, etc. Una locura. Sólo en alguno de los capítulos tenía toda la información necesaria. Tuve la idea de salir de nuevo a buscar más material pero la descarté. La idea principal de hacer seis episodios se descartó definitivamente por la dificultad del montaje. Invertí todo mi esfuerzo en realizar el episodio que narraba los seis días que el buque había navegado delante de las costas gallegas, pues era el que mejor había grabado. Los otros episodios eran: “transporte marítimo internacional”, “el accidente convertido en catástrofe” (es el que realicé), “el vertido en las costas y la inversión destinada a paliar los efectos”, “grupos ecologistas, acciones ciudadanas, medios de comunicación y actuaciones políticas” y, “futuro condicionado por la deuda”. En este último capítulo pretedí contar que el PSOE nunca pasaría factura política al PP debido a la trama financiera de ayudas europeas invertidas en ayudas directas a pescadores que hizo el PP (parcialmente ilegales) para ganar las elecciones. El PSOE, si quería reabrir el caso Prestige debería empezar por devolver 180 millones de euros a los “fondos europeos reservados para los casos de accidente de petrolero”. El PSOE no tuvo cojones de afrontar esta factura, ni los tendrá. También debería reestructurar todo el sistema marítimo español, que actualmente está en manos del OPUS. Perdón, me voy por las ramas, pero hablando de ramas, me voy por esta rama por que fue muy importante a la hora de editar el material: volví a casa a editar sabiendo una cosa nueva, el nuevo gobierno no apoyaría un trabajo como el que estaba haciendo, no quería meterse de lleno con el problema del Prestige: esa pluralidad que había prometido no era para todos los temas. En este punto decidí ser radical en el formato, si no se tendría que pasar por la televisión ¿para qué hacerlo televisivo? Por ello omití todas las imágenes entretenidas y realicé el vídeo en formato conferencia. Regresé a mi ética e intenté realizar un vídeo duro, real, fuerte y no para todos los públicos: como dijo un buen amigo, para ver este vídeo tiene que interesarte mucho el tema. Este comentario reafirma la creencia que conseguí hacer un vídeo digno de “apablo nicasso”, aunque muy diferente en la forma pero coherente con la denuncia de agitación y propaganda.

Sin embargo, y debido a todas las preparaciones iniciales, decidí dejar el formato 16:9, más cinematográfico, y la música de fondo, para alejarme de lo que entiendo que es un documental. También introduje dos fragmentos con imágenes y voz en off pues creo que eran informaciones esenciales que no había conseguido en las entrevistas, y así dejar uno de los capítulos acabado.

 

"Prestige, el viaje a ninguna parte”, a mi modo de ver, es una película; hay una preparación y un diseño que huye de la realidad y busca unos objetivos dudosos en la forma;  Maldita contradicción.

 

Estas contradicciones influirían muchísimo en mi siguiente trabajo.